sábado, 15 de abril de 2017

LO QUE VIVÍ EN MADRUGÁ

Día y medio después de la madrugada del jueves al viernes y con un poco de tiempo que me permite hoy el trabajo, no quiero dejar de pasar la ocasión de describir lo que viví esa noche.

Todos los Jueves Santos suelo ir con mi hermana a la Calle Trajano a ver pasar Montesión para que ella pueda darle una Coca Cola a su amigo que sale de Diputado de tramo; pero este año como yo trabajaba, tenía que ser más tarde. Sobre algo más de las diez de la noche llegamos a las Setas junto con una amiga de ella.

Pasó Montesión, ella le dio su Coca Cola y en este momento se me presentaba un dilema. Irme a casa a descansar ya que al día siguiente entraba a las doce de la mañana o intentar ver algo en Madrugá. Por otra parte, mi hermana nunca había estado en Madrugá ya que le agobian las aglomeraciones y prefiere quitarse de en medio; y yo, como buen hermano mayor, la "puteé" un poco diciéndole "vamos, que vamos a ir a ver La Macarena", desoyendo los consejos de algunos compañeros del curro que me dijeron "no vayas a ver pasos que luego vienes amamonao". Pero la Semana Santa es solo una vez al año y la Madrugá, solo un ratito...

Llegamos a una esquina de la calle Béquer con Feria, bastante bien situados. Las dos niñas se hicieron amigas de una familia canaria que andaba bastante perdida y como en la mochila no solo llevaba la ropa del trabajo, les regalé un programita de esos que vienen con mapa para que supieran ubicarse.

Pasó La Macarena, elegante a sones del Carmen de Salteras con la multitud de cangrejeros tan característico ya. Añadir que la cale Feria quedó hecha un estercolero, pero no hemos venido aquí a hablar de eso.

En este momento yo esperaba a mi amigo JJ que venía donde yo estaba con su hermano Antonio. Jj es con el tipo con el que voy a Semana Santa siempre, los dos solos, callejeando de un sitio a otro, así que motivaba ver a mi amigo en esas horas en las que decidimos que iríamos a ver Los Gitanos.

Mi hermana y su amiga, Carmen, se habían hecho tan amigas de la familia canaria que decidieron que vendrían con nosotros.

Callejeando, callejeando, llegamos a Ponce de León por donde ya pasaban los nazarenos de Los Gitanos, y la familia canaria decidió que seguiría por su cuenta, perfecto. En Semana Santa cuanto más reducido el grupo, mucho más fácil moverse.

En ese momento, llevaba ya un rato pensando en que tenía la extraña sensación de que había menos público que otros años.

Vimos a Nuestro Padre Jesús de la Salud andar con sones de su Agrupación Musical, y decidimos que era el momento de ir hacia Velázquez-Rioja para ver La Esperanza de Triana. Yo ya estaba en un punto en el que si podía dormir cuatro horas, siendo optimista me daría con un canto en los dientes, pero era Madrugá, y merece eso y más; por lo que intentaba aprovechar todo lo que pudiera. Íbamos a ver La Trianera y apurar todo lo que fuera para ver al Señor de Sevilla.

Llegamos y a lo lejos pudimos ver a nuestra Señora de la Presentación del Calvario revirar, por lo que la Cruz de Guía de Triana aparecería de un momento a otro.

Las dos niñas se sentaron en suelo en la calle Rioja, y fui con mi amigo y su hermano más adelante por si había más sitio más adelante y así esperar algo menos. Que había, pues yo volvía a buscarlas y traerlas donde estábamos, que no, pues volvíamos donde estaban ellas.

En la Plaza de la Magdalena, a la altura de la puerta del Corte Inglés, donde parecía que habíamos encontrado un buen sitio; un murmullo se iba haciendo cada vez más ruidoso, me giré y vi como decenas de personas corrían hacía provenientes de Tetuán, justo donde estaba mi hermana y su amiga. No lo pensé, rápidamente, salía corriendo abriéndome paso entre la multitud que venía hacía mi. Instintivamente tiré la botella de agua que llevaba al suelo para que me fuera más fácil moverme entre la gente mientras maldecía la mochila que llevaba en la espalda con la ropa del trabajo.

Agobiado, no por mi, sino por ella, me vi solo en mitad de la Plaza de la Magdalena justo antes de entrar en Rioja para buscarla, todas las demás personas se habían pegado a la pared, de manera instintiva.

Como me temía, me la encontré sollozando y repitiéndome, "vámonos, vámonos". Entre su amiga y yo intentamos tranquilizarla lo que se dejaba y nos pusimos rumbo a casa. Vi a mi amigo y a su hermano y les dije que me las llevaba.

Hace unos años, puede ser que fuese en 2009, me pasó en el mismo sitio lo mismo; carreras con el Cristo de Las Tres Caídas llegando a la Magdalena. En aquella ocasión iba con JJ, Pablo, Migue y mi prima Laura, que después de las carreritas y justo cuando pasaba el Misterio de las Tres Caídas por delante, no pudo aguantar la tensión y se desplomó. Un músico de la banda me ayudó a que se despertara y entre mi amigo Pablo y yo la llevamos a casa.

Volviendo a esta Madrugá, llegamos a la calle Zaragoza y en vez de girar a la izquierda dirección al metro, decidí girar a la derecha dirección San Pablo para tranquilizar a mi hermana, que viera que no pasaba nada, que había sido cuatro gilipollas que querían asustar, que veíamos al Cristo de las Tres Caídas y nos íbamos para casa.

Así lo hicimos, ella Lo vio, se encontraba más tranquila y andábamos de regreso cuando de repente, otra vez gente corriendo y asustada hacia nosotros, duró poco, pero lo suficiente para que mi hermana volviese a ponerse nerviosa y a sollozar "vámonos".

Salimos hacia Adriano, y a lo lejos pudimos ver como La Esperanza de Triana cruzaba el puente, todo parecía en orden e íbamos llegando al Paseo Colón para evitar seguir por callejuelas cuando otra vez, la gente empezó a correr desde Reyes Católicos hacia nosotros. Aquello parecía un chiste de mal gusto en el que el que te lo cuenta se enfada porque no te ríes. Llegamos al Paseo Colón y el éxodo de personas que abandonaba la ciudad era apabullante


Mi hermana y su amiga hablaban con sus amigas, que si carreras en el Postigo, que si la gente abandonando los Palcos... un desastre.

Fuimos hacia el Padro para evitar las colas de Puerta Jerez. Y fue en el metro, no se porqué, me empecé a agobiar, mucho. No se si sería la tensión de buscar a mi hermana e intentar sacarla de las "zonas de peligro" o que ya no quiera volver a la Madrugá. No lo sé pero no me encontraba bien y no me encontré bien hasta llegar a mi parada. Hablaba con unos y con otros y me decían que había habido más carreras, en Twitter que si la Policía ya había detenido a algunos... Llegando a la puerta de mi casa mi amigo JJ me dijo que se iba ya para casa, palabras textuales: "acojona cuando vez a un nazareno del Gran Poder correr".

Ya en casa, mi hermana, aún nerviosa veía como el Cristo de las Tres Caídas entraba en La Campana pasando por donde ella Lo esperaba con tantas ganas. Me dio un abrazo y me fui a dormir.



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